NOTICIAS

Miércoles, 25 de abril de 2018

Día especial de oración por la reconciliación


En la asamblea plenaria extraordinaria de noviembre de 2017, cuando se reunieron los obispos para profundizar y aplicar el Magisterio del Papa Francisco con ocasión de su reciente visita a Colombia, se aprobó por unanimidad el 'Día Nacional por la Reconciliación', para que se desarrollara el 3 de mayo de cada año en la celebración de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

Durante este día se orará especialmente por la paz y la reconciliación de nuestro país, recordando así el gran encuentro de oración por la reconciliación nacional que tuvo lugar en Villavicencio el 8 de septiembre de 2017.  Allí el Santo Padre exclamó en su discurso: “Colombia, abre tu corazón de Pueblo de Dios, déjate reconciliar”

También, en su última Exhortación Apostólica 'Gaudete et Exsultate', el Papa anota: “Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.  Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza.  Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad” (nro. 89).

Hagamos de esta primera jornada por la reconciliación una plegaria nacional para que “el amor y la verdad se encuentren, la justicia y paz se abracen” (Salmo 85, 11)

Oh Cristo negro de Bojayá,
que nos recuerdas tu pasión y muerte;
junto con tus brazos y pies
te han arrancado a tus hijos
que buscaron refugio en ti.
Oh Cristo negro de Bojayá,
que nos miras con ternura
y en tu rostro hay serenidad;
palpita también tu corazón
para acogernos en tu amor.
Oh Cristo negro de Bojayá,
haz que nos comprometamos
a restaurar tu cuerpo.
Que seamos tus pies para salir al encuentro
del hermano necesitado;
tus brazos para abrazar
al que ha perdido su dignidad;
tus manos para bendecir y consolar
al que llora en soledad.
Haz que seamos testigos
de tu amor y de tu infinita misericordia


Lunes, 09 de abril de 2018

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
GAUDETE ET EXSULTATEDEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
GAUDETE ET EXSULTATEDEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL

1. «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1).
2. No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4).


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SI QUEREMOS LA PAZ, DEFENDAMOS LA VIDA






Luego de que el Ministerio de Salud y Protección anunciara el borrador de resolución para aplicar la eutanasia en niños, niñas y adolescentes, la voz de rechazo de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles católicos de todo el país no se hizo esperar.

Animados por el comunicado del episcopado: “Si queremos la paz, defendamos la vida”, los católicos, de Colombia y de otras latitudes, se congregaron este lunes 5 de marzo en una jornada donde, a través de las redes sociales, le dijeron a las instituciones estatales que no están de acuerdo con la reglamentación que atenta contra la vida y la dignidad de las personas.



https://twitter.com/episcopadocol




Nos vemos en Panamá

de 22 al 27 de enero 2019


34° Jornada Mundial de la Juventud, 2019 (Panamá)

“He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”

(Lc 1,38)

INSCRIPCIONES  (Da click en esta expresión)

Ilustramos un resumen del procedimiento, para que todos nos animemos a participar. Ánimo, organízate y vive esta gran experiencia!









Papa Francisco confirma que Pablo VI será canonizado en 2018

Papa Francisco (izquierda) y Pablo VI (derecha) / Crédito: Marina Testino (ACI Prensa) y Wikimedia Commons

El pasado jueves 15 de febrero de 2018, el Papa Francisco celebró el habitual encuentro anual con los párrocos de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán. Un encuentro privado del que solo hoy se ha conocido el contenido.
Al final del mismo, el Papa bromeó y fue ahí donde dio la noticia de que Pablo VI será canonizado en 2018.
“Hay dos obispos de Roma (recientes) que ya son santos”, dijo en referencia a Juan XXIII y Juan Pablo II. “Pablo VI será santo este año. Uno con la causa de beatificación en curso, Juan Pablo I, su causa está abierta”.
“Y Benedicto y yo, en lista de espera: ¡rezad por nosotros!”, bromeó.
Se confirma así lo ya publicado por ACI Prensa, que Pablo VI sería canonizado este año, probablemente durante el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes el próximo mes de octubre. Tras la aprobación de los cardenales, solo faltaría el visto bueno del Papa Francisco.
Creditos: ACI PRENSA 

MENSAJE DE LOS OBISPOS CATÓLICOS AL PUEBLO COLOMBIANO




Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2018





















«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» 
(Mt 24,12)



Con el slogan “Los  excluidos  y  marginados  son  nuestros hermanos”, el Secretariado Nacional de Pastoral Social, promueve este año la campaña: “Comparte con Alegría”.


Se busca que el mensaje del Papa Francisco, dejado en la visita que hizo a Colombia en el 2017, permita reflexionar sobre las necesidades de los hermanos excluidos y marginados y entender que ellos son hermanos nuestros que necesitan de un apoyo solidario.





La campaña toma los tiempos de cuaresma que inicia el 14 de febrero con el miércoles de ceniza y se mantiene durante todo el año.  Es un tiempo privilegiado para la oración, el ayuno, las obras de misericordia y de caridad,  y principalmente del encuentro del que sufre y del necesitado.

Como cristianos católicos tenemos el deber de colaborar en las necesidades materiales de los seres humanos, en dificultades y en emergencias: es la forma como contribuimos al resarcimiento, ayudando a una sociedad más justa y equitativa, dentro de la construcción del Reino de Dios, que empieza en nosotros. Este año vale la pena reflexionar, meditar y actuar a través de la Palabra de Dios, que es Jesucristo, e inspirados por el Espíritu Santo, llegar hasta ustedes con testimonios de vida a las comunidades, que con su ejemplo y conversión ayudan a que este mundo sea mejor mediante el perdón y la reconciliación. Finalmente, nos ayudan los aportes del Papa Francisco, quien en su reciente visita a Colombia nos ha dejado un legado de reconciliación, justicia y paz.





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CRISTO REY

La gran fiesta de Acción Católica. Nuestra Pasión Católica nos lleve a crecer como discípulos misioneros de Cristo y verdaderos Servidores en nuestras Parroquias y Diócesis.
Feliz Cristo Rey!
Feliz día de Acción Católica!




Saludo de Cristo Rey 2017

RAFAEL ÁNGEL CORSO
COORDINADOR SECRETARIADO FIAC


ACCION CATOLICA BUCARAMANGA, celebró esta maravillosa FIESTA DE LA ACCIÓN CATÓLICA el 24 DE NOVIEMBRE en Villasunción de 9 a.m. hasta 5 p.m. con un Retiro orientado por el  Padre Fredy Ramírez.



Una gran fiesta vivida en toda Colombia!! VIVA CRISTO REY, FELIZ DÍA ACCIÓN CATÓLICA!!




I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2017

No amemos de palabra sino con obras

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? [...] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.

Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.


5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.

En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.

8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.

Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

vaticano, 13 de junio de 2017
Memoria de San Antonio de Padua
Francisco



Rafael Corso coordinará Secretariado del FIAC hasta 2021

Los países miembros del Secretariado del FIAC (Foro Internacional de Acción Católica) designaron a Rafael Corso, presidente de ACA, como nuevo coordinador del organismo para el período 2017-2021.

Dirigentes de Italia, España, Burundi, Ruanda y Argentina, deliberaron del 12 al 14 de octubre en Roma, acompañados por monseñor Eduardo García, asesor general de ACA y asistente eclesiástico del FIAC, para definir las metas para el cuatrienio que serán comunicadas en los encuentros continentales, miradas en la preparación del Sínodo de los Obispos de 2018, del Sínodo Pan-Amazónico de 2019, y de la Jornada Mundial de la Juventud que se realizará en Panamá, en 2019.  “El objetivo de la Acción Católica es estar al servicio de la pastoral de cada iglesia particular, diócesis o parroquias y en todos los ámbitos de la vida social y cotidiana”, afirmó Rafael tras su designación, según destacó en su portal el Servicio de Información Religiosa de Italia.  “Nuestro mayor compromiso es ayudar a las personas a sentirse cada uno como un regalo de Dios, creado por amor, y no casualmente. Sólo sentirse amadas, la gente sabrá dar lo mejor de sí en la familia, en el trabajo y en la comunidad, y conseguirán construir un mundo más justo y en paz “, subrayó.  El flamante coordinador recalcó que “el camino de esos años llevó a un crecimiento del FIAC, formado actualmente por 34 países miembros y 37 países observadores de 4 continentes. Es necesario ahora reforzar el trabajo continental a través de la acción de equipos que trabajen en el ámbito local, de acuerdo con la secretaría, promoviendo la realidad de Acción Católica”.  Durante esas jornadas, también se reunieron con el Secretario General del Sínodo de los Obispos, cardenal Lorenzo Baldisseri; con el Alcalde del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, cardenal Kevin Farrell; y con el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, que los animó por los trabajos futuros.
Rafael Corso, nuevo coordinador del organismo para el período 2017-2021.



El Papa Francisco dialoga con astronautas de la Estación Espacial Internacional


“Santo Padre, bienvenido a la Estación Espacial Internacional”: Con estas palabras de bienvenida el astronauta italiano perteneciente a la Agencia Espacial Europea, Paolo Nespoli, dio comienzo al coloquio que la tripulación de la Estación Espacial Internacional mantuvo con el Papa Francisco este jueves 26 de octubre. Desde el Aula Pablo VI del Vaticano, el Pontífice conversó durante 20 minutos con los 6 tripulantes de la Estación Espacial, que orbita a 400 kilómetros de la Tierra.


"La astronomía genera muchos interrogantes, de dónde venimos, adónde vamos", comentó el Papa y luego le preguntó al astronauta italiano: "¿Cuál es su pensamiento sobre el hombre en el universo?" Nespoli confesó que se trataba de temas complejos y que lo que sentía "como simple ingeniero" es que tenía pocos conocimientos frente a un universo tan inmenso.


En otro momento de la comunicación, Francisco les preguntó sobre lo que les generaba más felicidad en el espacio. "Ver la Tierra con los ojos de Dios", comentó el comandante de la misión, el estadounidense Randolph Bresnik, al describir la belleza de "un universo sin fronteras, en paz y sereno", reconoció.

"Nos damos cuenta de lo frágiles que somos", confesó.

Francisco, sentado ante un simple escritorio frente a una pantalla de televisión, citó entonces un verso de Dante de la Divina comedia para hablar de la fuerza del amor que mueve el universo."Nosotros aquí somos un ejemplo para la humanidad", comentó el otro astronauta estadounidense, Joseph Acaba, al mencionar la convivencia pacífica entre personas de varias nacionalidades y profesiones.


26 DE OCTUBRE DE 2017

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ACCIÓN CATÓLICA MEDELLÍN EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


ESCUCHÉMONOS EN LA RADIO





Nota tomada del Periódico EL HERALDO de Barranquilla

Cena de la Acción Católica

En el marco de la XXVI Asamblea Nacional de la Acción Católica Arquidiocesana de Colombia fue ofrecida una cena en el salón Atenas, del Hotel Majestic, para las delegaciones y asesores que asistieron al evento.
POR JOHN ROBLEDO - EL HERALDO
Carolina Urrego, Clara Campuzano, Maribel de Juliao, Diego Jiménez, Jorge Iván Echavarría

María Teresa Visbal, María Elvira Cabello, Anaís de Castro, Beatriz García de González 

Regina Donado, Martha Elena Montejo, Victoria Donado, Thelma Méndez, Mary Flor Valdivia

Elsa de Buitrago, Anaís de Castro, María Victoria Aguilar, Carmen de Carbonell, Gladys Murgas

Beatriz de Bedout, Beatriz Mafiol, Josefina de Sierra, Edan de González, Gladys Barros

Sonia de Jals, Gloria Gallardo, Yolanda de Ladino, Gabriela de Ibáñez, Monseñor Reinaldo Iriarte, Monseñor Néstor Navarro

Rosalba Guzmán, Patricia Sabalza, Elvira Hernández, Denia Gutiérrez, María de Torres

En esta misma ASAMBLEA, fue nombrada presidenta Nacional de ACCIÓN CATÓLICA, la señora Martha Lucía Pitta Colmenares.

Martha Lucía Pitta Colmenares, Diego Alejandro García
Miembros de Acción Católica Diocesis de Socorro y San Gil



Se llevaron a cabo actividades de gran formación, con el lema ACCION CATOLICA  ARTESANA DE LA CULTURA DE LA MISERICORDIA





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